Mi Mundo Adorado

By Sonia Sotomayor

Los angeles primera latina y tan sólo l. a. tercera mujer designada a l. a. Corte Suprema de los Estados Unidos, Sonia Sotomayor se ha convertido en un icono americano contemporáneo. Ahora, con un candor e intimidad nunca antes asumidos por un juez en activo, Sonia nos narra el viaje de su vida —desde los proyectos del Bronx hasta l. a. corte federal— en una inspiradora celebración de su extraordinaria determinación y del poder de creer en uno mismo.
 
Esta es los angeles historia de una niñez precaria, con un padre alcohólico que moriría cuando ella tenía nueve años y una madre devota pero sobrecargada, y del refugio que una niña tomó de l. a. confusión del hogar con su apasionada y enérgica abuela. Pero no fue hasta que le diagnosticaron diabetes juvenil que l. a. precoz Sonia reconoció que, en última instancia, dependía de sí misma. Pronto aprendería a darse a sí misma las inyecciones de insulina necesarias para sobrevivir y a rápidamente forjar un camino hacia una vida mejor. Con personajes de televisión como modelo y poca concept sobre lo que en realidad implicaba, Sonia decidió ser abogada, un sueño que los angeles sostendría en su inconceivable recorrido, desde su brillante paso por l. a. escuela secundaria, l. a. universidad de Princeton y los angeles escuela de Derecho de Yale hasta l. a. fiscalía de distrito del Condado de Nueva York, los angeles práctica privada, y el nombramiento a l. a. Corte Federal de Distrito, todo antes de llegar a los cuarenta años. A lo largo del camino vemos como Sonia fue formada por diversas experiencias (como su fallido matrimonio), mentores invaluables, y los angeles versión moderna de familia que creó con amigos queridos y sus hijos. A través de sus aún asombrados ojos, las posibilidades infinitas de los Estados Unidos son vislumbradas nuevamente en este libro cálido y honesto, destinado a convertirse en un clásico de l. a. autoformación y el autodescubrimiento.

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Hablamos sobre Puerto Rico y los retos de los angeles comunidad puertorriqueña en Nueva York, y nuestra conversación se extendió desde Eddie Torres (un juez que también escribió novelas detectivescas que el senador admiraba), a cómo conseguir el voto de los latinos, a los angeles eterna interrogante sobre el estatus de los angeles isla. Aquí había claramente tanto un académico como un político, alguien que entendía los angeles sociología tan bien como los asuntos políticos, al mismo tiempo que poseía las habilidades sociales de un maestro diplomático.

Pero los angeles enfermedad también inspiró en mí una especie de autosuficiencia precoz que no es raro ver en niños que perciben que los adultos a su alrededor no son de fiar. Podemos sacar provecho de los angeles adversidad, aunque no lo vemos hasta que lo ponemos a prueba. Ya sea una enfermedad grave, penurias económicas o los angeles uncomplicated barrera de unos padres con dominio limitado del inglés, las dificultades pueden forjar fortalezas insospechadas. No siempre ocurre así, por supuesto: he visto gente golpeada por l. a. vida que no puede levantarse.

Elaine me estaba enseñando a comprar, a reconocer lo que me quedaba bien, cómo funciona el colour con el tono de l. a. piel, l. a. caída de una tela, cómo los angeles mirada sigue una línea. Ay, este period un tema sobre el cual yo no probaba ser una buena aprendiz. Pero poco a poco fui desarrollando confianza en mi propio criterio, y Elaine, bendita sea, encontró una manera de que el proceso resultara divertido. Hasta que tomó las riendas, yo odiaba ir de compras y me limitaba a pedir por catálogo antes de soportar las sonrisitas de superioridad de las vendedoras y el escarnio de los espejos de cuerpo entero.

ES UN DÍA como cualquier otro y los angeles puerta permanece cerrada. Mi yo racional no se ha dado cuenta todavía, pero ya no aguanto un minuto más. Antes de saber qué está pasando, golpeo con ambos puños los angeles estúpida puerta blanca y cuando ella abre, le grito en l. a. cara: “¡Ya basta! �Tienes que acabar con esto! Eres desgraciada y nos estás haciendo desgraciados a nosotros”. Hace meses que no se oyen gritos así en casa. Ella está ahí parada y sólo parpadea. Yo no puedo evitarlo, sigo gritando: “¿Qué pasa contigo?

Siempre le he tenido un pánico mortal a cualquier cosa que se escabulla o se arrastre: insectos, roedores, lo que te puedas imaginar. No es el miedo estereotipado de l. a. dama subida en l. a. silla, aunque yo lo he hecho. El asco se remonta a mi niñez. Las cucarachas gigantescas que infestaron los proyectos un año —las llamábamos cucarachas de caño— me llevaban a los angeles histeria. �Cuántas veces vi a mi madre desarmándolo todo en busca del nido? El mero pensamiento de que se encontraran cerca de mí me mantenía despierta toda los angeles noche.

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